(SDGTALKING) Por Bunyamin Surmeli – El último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ONU-Agua revela que los lagos de todo el mundo están disminuyendo a un ritmo alarmante. En 364 grandes cuencas hidrográficas, las superficies de agua están disminuyendo o desapareciendo por completo. En estas zonas viven aproximadamente 93 millones de personas que dependen de estas aguas para su sustento.
¿Por qué se están secando los lagos?
Según los expertos, las principales causas de la desaparición de los lagos son:
- El riego agrícola intensivo
- El aumento de la demanda de agua debido a la urbanización
- El consumo de agua de las centrales hidroeléctricas
- La contaminación y los residuos agrícolas
Todo ello está alterando los ecosistemas lacustres, reduciendo las poblaciones de peces, disminuyendo la calidad del agua y amenazando la biodiversidad.
El lago Poopó: la desaparición de un lago
El lago Poopó, en Bolivia, es uno de los ejemplos más dramáticos de esta crisis. El Poopó, que en su día fue el segundo lago más grande del país, se ha secado casi por completo debido a la presión del cambio climático y del uso del agua para la agricultura. Esta situación ha destruido el sector pesquero local y ha provocado la emigración de miles de personas.
El mar de Aral y el lago Salton: lecciones de la historia
Una situación similar se da en el mar de Aral, que lleva años reduciéndose. La extracción excesiva de agua durante la época de la URSS secó en gran medida el lago y convirtió la zona en un desastre medioambiental. Por su parte, el lago Salton, en Estados Unidos, se está reduciendo rápidamente debido a las aguas de drenaje agrícola y al cambio climático. A medida que baja el nivel del agua, el polvo tóxico que se levanta del lecho del lago está causando graves problemas de salud en las comunidades circundantes.
Una advertencia global
Los responsables del PNUMA señalan que estos ejemplos no solo suponen una amenaza local, sino también global. La pérdida de lagos significa una disminución de las reservas de agua dulce, un peligro para la seguridad alimentaria y un aumento del riesgo de conflictos regionales. En el informe se insta a los países a mejorar la gestión del agua, adoptar prácticas agrícolas sostenibles y proteger los ecosistemas lacustres.

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