
Imagen destacada: Getty Images/Unsplash+ vía UNEP.
Sigue el dinero
El 22 de enero de 2026, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUM) publicó su informe State of Finance for Nature 2026 con un titular contundente: por cada USD 1 que el mundo invierte en proteger la naturaleza, gasta USD 30 en destruirla. Los números detrás de esa proporción son lo que hace que la historia sea difícil de ignorar. El PNUM indica que los flujos financieros globales negativos para la naturaleza alcanzaron USD 7.3 trillion en 2023.
De ese total, USD 4.9 trillion provinieron de fuentes privadas concentradas en sectores como servicios públicos, industriales, energía y materias primas básicas. Subsidios públicos nocivos añadieron otros USD 2.4 trillion en sectores como combustibles fósiles, agricultura, agua, transporte y construcción. Esto es un problema de escala, no de comunicación.
Las soluciones basadas en la naturaleza siguen muy infrafinanciadas
En comparación, el PNUM señala que los flujos financieros hacia soluciones basadas en la naturaleza solo alcanzaron USD 220 billion. Casi el 90 por ciento de eso provino de fuentes públicas. La financiación privada representó apenas USD 23.4 billion, es decir, alrededor del 10 por ciento de la inversión total en soluciones basadas en la naturaleza.
Esa brecha importa porque las soluciones basadas en la naturaleza se tratan cada vez más como infraestructura económica, no como un gasto verde opcional. La cubierta arbórea urbana puede reducir el estrés por calor. Los humedales y las cuencas restauradas pueden disminuir el riesgo de inundaciones y el coste del tratamiento de agua. Los manglares y los ecosistemas costeros pueden reducir los daños por tormentas. Si esos sistemas siguen infrafinanciados, la factura aparece en otro lado: en pérdidas de seguros, cadenas de suministro interrumpidas, volatilidad alimentaria y costes de salud pública.
El objetivo no es inalcanzable, pero el capital está desalineado
El PNUM afirma que la inversión anual en soluciones basadas en la naturaleza debe aumentar 2,5 veces hasta USD 571 billion para 2030. Dicho de otra manera, eso es solo alrededor del 0,5% del PIB mundial en 2024. El argumento del informe no es que el dinero no exista. Es que los incentivos actuales aún recompensan el daño ambiental con mucha más intensidad que la reparación ambiental.
Por eso el informe introduce lo que llama la Curva X de la Transición por la Naturaleza: un marco para eliminar progresivamente los subsidios nocivos y las inversiones destructivas mientras se escala la financiación de alta integridad y positiva para la naturaleza. El PNUM apunta a aplicaciones prácticas ya en marcha, incluyendo ciudades más verdes para reducir el efecto isla de calor, integrar la naturaleza en infraestructuras viales y energéticas, y producir materiales de construcción con emisiones negativas usando dióxido de carbono.
Esto ya es una cuestión de competitividad
El cambio importante es político y financiero. La pérdida de naturaleza ya no es solo un asunto de conservación. Se está convirtiendo en un asunto de competitividad para países y empresas expuestos al estrés hídrico, la degradación de tierras, el riesgo climático y las conmociones en la oferta relacionadas con la biodiversidad. Las empresas pueden decir que entienden las dependencias de la naturaleza, pero las cifras del PNUM sugieren que la mayoría de los mercados de capitales todavía valoran la destrucción como normal y la restauración como marginal.
Ese desequilibrio será cada vez más difícil de defender a medida que suban los costes de adaptación y los gobiernos busquen formas más baratas de reducir riesgos. Financiar la naturaleza no es un añadido caritativo a la economía. El PNUM sostiene, en efecto, que es parte de la forma en que una economía funcional se protege a sí misma.
Qué sigue ahora
La prueba ahora es si los responsables de las políticas harán la parte más difícil: rediseñar subsidios, regulación, divulgación y contratación pública para que la inversión positiva para la naturaleza deje de ser la excepción. Si no lo hacen, el mundo seguirá pagando por el daño ambiental varias veces: primero a través de finanzas destructivas, luego por las pérdidas climáticas y, finalmente, mediante costosos intentos de restaurar lo que se permitió degradar.
Fuentes
- UNEP, Harmful investments outpace nature protection by 30 to 1 – new UNEP report

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