El concepto de « economía azul » se ha vuelto central en los diálogos globales sobre el uso sostenible de los océanos, siendo particularmente destacado durante la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre los océanos (UNOC) que se celebró en Francia en junio de 2025. Los gobiernos, las instituciones financieras y las organizaciones internacionales han priorizado cada vez más las iniciativas económicas basadas en el océano, enfocándose en sectores como el transporte marítimo, la acuicultura, las energías renovables y la biotecnología marina. Notablemente, el gobierno de Mónaco coorganizó un evento de dos días centrado en la financiación de la economía azul, atrayendo a personalidades de alto nivel y subrayando la creciente voluntad política de aprovechar los recursos oceánicos para el crecimiento económico.
No obstante, en medio de este entusiasmo, los pescadores a pequeña escala de todo el mundo han expresado su preocupación por el hecho de que el relato dominante de la economía azul a menudo pasa por alto sus derechos, sus medios de vida y su patrimonio cultural. Abogando en cambio por la « justicia azul », estas comunidades buscan un reconocimiento y una protección equitativos en la gobernanza de los recursos marinos. La justicia azul enfatiza la inclusión de los pescadores marginados en los procesos de toma de decisiones, protecciones contra el desplazamiento y los daños ambientales, y promueve la equidad social junto con el desarrollo económico.
Los expertos subrayan que las pesquerías a pequeña escala aportan contribuciones cruciales a la seguridad alimentaria, a la mitigación de la pobreza y a la gestión sostenible de los recursos, apoyando aproximadamente el 90 % de los pescadores y trabajadores de la pesca en el mundo. Sin embargo, estos pescadores a menudo enfrentan desafíos como el acceso restringido a zonas de pesca tradicionales, la competencia con operaciones industriales y una representación política inadecuada. El llamado a la justicia azul refleja un movimiento creciente que busca equilibrar el crecimiento económico oceánico con la inclusión social y la gestión ambiental.
Este discurso está cobrando fuerza a medida que se acerca la próxima Cumbre de Impacto Oceánico, donde las partes interesadas deberían discutir más sobre la sostenibilidad de los océanos y la financiación. Los defensores sostienen que sin integrar los principios de justicia azul, las iniciativas de la economía azul corren el riesgo de agravar las desigualdades y socavar a las comunidades que han dependido durante mucho tiempo de océanos saludables para su supervivencia. A medida que la atención mundial se centra en alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14—Vida submarina—es imperativo garantizar que los marcos de gobernanza de los océanos sean inclusivos y justos para un progreso sostenible.

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