Las Naciones Unidas subrayan que la pérdida y el desperdicio de alimentos constituyen una fuente importante de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Los alimentos que se producen pero no llegan a consumirse provocan un uso innecesario de los recursos naturales y contribuyen a acelerar el cambio climático.
Las pérdidas que se producen durante la producción, el transporte, el almacenamiento y el consumo de alimentos en todo el mundo siguen representando un importante desafío para el desarrollo sostenible.
Según datos de la ONU, la pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de aproximadamente entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
En particular, los residuos orgánicos que se descomponen en condiciones anaeróbicas en los vertederos liberan metano a la atmósfera, un potente gas de efecto invernadero.
Reducir el desperdicio de alimentos puede contribuir a alcanzar los objetivos climáticos
La reducción de las pérdidas de alimentos es importante no solo para la protección del medio ambiente, sino también para la seguridad alimentaria y el uso eficiente de los recursos económicos.
En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, se establece la meta de reducir a la mitad, de aquí a 2030, el desperdicio de alimentos per cápita a nivel minorista y de los consumidores.
Los expertos señalan que el desperdicio de alimentos puede reducirse mediante cadenas de suministro más eficientes, métodos adecuados de almacenamiento y una mayor concienciación de los consumidores.

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